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DATOS COMO ACTIVO ESTRATÉGICO: ¿ESTÁ SU ORGANIZACIÓN REALMENTE PREPARADA?

Mayo de 2026.

Andrés Felipe Méndez, Arquitecto de Datos, Ingenium Colombia.

 
Con los avances que han tenido los ecosistemas tecnológicos en los últimos años, y el auge de la transformación digital para transformar y potenciar los negocios, los conceptos de “datos” e “información” han evolucionado de ser un simple subproducto de los sistemas transaccionales a convertirse en el eje central de una estrategia competitiva, en cualquier sector de la economía actual. Sin embargo, la transición hacia una organización guiada por datos no es un cambio que deba ser responsabilidad única de los equipos técnicos de una organización, sino un elemento de mayor importancia dentro del ámbito cultural y estructural de cualquier organización. 

 

Tratar los datos como un activo estratégico implica reconocer que, al igual que el capital financiero o el talento humano, la información requiere una gestión deliberada, una valoración clara y una gobernanza que asegure su integridad y disponibilidad. La pregunta fundamental que desde la dirección debe plantearse no es cuántos datos posee, sino qué tan preparada está la organización para lograr utilizar los datos disponibles para apoyar la toma de decisiones y para generar valor, ya sea público o comercial. 
Cuando se logra una explotación estructurada y bien enfocada de los datos, la generación de valor va más allá de la optimización de recursos; un uso óptimo de estos puede llegar a transformar un negocio, ya sea por la identificación de nuevos productos, o nuevos canales que permitan generar valor para todas las partes involucradas de un negocio (clientes internos, externos y aporte a la mejora de procesos). 
Para abordar esta transformación, marcos de referencia globales como DAMA DMBoK v2 y TOGAF 9/10 proporcionan la base conceptual necesaria para estructurar lo que de otro modo sería un caos de información fragmentada. Mientras que DAMA se enfoca en la profundidad de la gestión del ciclo de vida del dato, TOGAF ofrece la visión holística de cómo esos datos se integran en la arquitectura empresarial para habilitar las capacidades de negocio. En el contexto colombiano, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) ha decantado estos estándares internacionales en lineamientos específicos como el Modelo de Gestión y Gobierno de TI (MGGTI) y el Marco de Referencia de Arquitectura Empresarial (MRAE), los cuales establecen la hoja de ruta obligatoria para las entidades públicas y un estándar de excelencia para el sector privado.

Alineación estratégica.

La arquitectura de datos no es una isla, sino una de las cuatro dimensiones fundamentales de la arquitectura empresarial, junto con los dominios de negocio, aplicaciones y tecnología. El objetivo principal, dentro del ejercicio de arquitectura, es asegurar que la gestión de la información esté ligada a los objetivos estratégicos de la organización, poniendo a la tecnología como un habilitador, no como quien dicta la estrategia. 
La búsqueda de la armonía entre los objetivos estratégicos y el uso de los datos hace que un área de tecnología se convierta en estratégica o misional, en lugar de sólo servir de apoyo, cuando se le da el valor en una organización, ya sea a partir del valor que genera para sus clientes (internos y externos), o por el uso de los datos que se producen en sus actividades diarias, con el uso de los sistemas de información que soportan su misionalidad.

El valor del dato.

Cuando en una organización se logra establecer que los datos tienen un valor real y se crea la necesidad de gestionarlos, se comienza a ver el principio de “los datos como un activo”. Este principio desplaza la responsabilidad de la propiedad técnica a la custodia compartida, donde la calidad y la accesibilidad se vuelven prioridades transversales, donde se ven involucrados quienes generan, conocen y usan los datos, más allá de quienes administran los sistemas donde son almacenados. 
La respuesta a si una organización está realmente preparada no se encuentra en la sofisticación de sus bases de datos, sino en la madurez del uso de los datos que tiene a disposición (internos o externos). Tampoco basta con cumplir con los lineamientos locales o adoptar estándares internacionales por contar con un visto bueno. La preparación real surge de la integración de una arquitectura de datos en el ADN de la estrategia empresarial. 
Una organización está "realmente preparada" cuando la alta dirección deja de preguntar "qué datos tenemos" y comienza a preguntar "qué problemas podemos resolver con ellos". Al adoptar la custodia compartida y una arquitectura empresarial holística, las entidades aseguran que sus datos cumplan su propósito final: ser el motor de la transformación digital y la fuente primordial de ventaja competitiva en el mercado actual.